domingo, 24 de julio de 2016

Ken Griffey y Mike Piazza, exaltados al Salón de la Fama

Mike Piazza (izq) y Ken Griffey Jr. sostienen sus placas conmemorativas en la ceremonia en que se les exaltó como nuevos miembros del Salón de la Fama en Cooperstown, el domingo 24 de julio de 2016.
COOPERSTOWN, Nueva York. Ken Griffey Jr y Mike Piazza fueron exaltados formalmente el domingo como nuevos miembros del Salón de la Fama del béisbol, tras cumplir trayectorias tan destacadas como contrastantes en las Grandes Ligas.

Griffey es el único pelotero seleccionado como primero en el draft que ha terminado en el recinto de los inmortales. En contraste, Piazza fue reclutado en la 62da ronda de 1988, en el puesto 1.390, el menos destacado entre todos los inmortales de Cooperstown.

“Al estar aquí me siento humilde y abrumado”, expresó Griffey. “No puedo describir cómo se siente esto”.

Piazza llega al Salón de la Fama en su cuarto intento. Griffey, quien jugó 22 campañas con los Marineros, los Rojos y los Medias Blancas, fue elegido con un récord de 99,32% de los votos, una ratificación de su limpio desempeño durante la llamada “Era de los Esteroides”.

Votado en 13 ocasiones para el Juego de Estrellas y ganador de 10 Guantes de Oro, Griffey sacudió 630 jonrones, la sexta mayor cifra de la historia, y produjo 1.836 carreras.

Asimismo, fue el Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 1997, remolcó al menos 100 carreras en ocho temporadas y conquistó siete veces el Bate de Plata.

Griffey, quien se quedó a tres votos de ser el primer pelotero elegido por unanimidad para el Salón de la Fama, conectó 417 de sus jonrones con Seattle. Jugó las primeras 11 campañas de su carrera con los Marineros, y permitió que ese equipo disputara las dos primeras postemporadas en su historia.

En una serie divisional de la Liga Americana, disputada en 1995, disparó cinco vuelacercas. Es apenas el segundo jugador de la historia que ha conseguido esa proeza en una serie de postemporada

A diferencia del talento innato que todos veían en Griffey, Piazza tuvo que convencer a muchos de su valía. Tuvo problemas en sus primeros años y estuvo a punto de renunciar al béisbol cuando militaba en las menores.
“Trece años con los Marineros de Seattle, desde el día en que me reclutaron. El estado de Washington ha sido una parte importante de mi vida”, comentó Griffey, quien culminó su discurso volteando hacia atrás la visera de su gorra, como lo hizo durante su carrera. “Voy a dejarlos con algo: En 22 años aprendí que un equipo te dará el mejor trato, y ése es tu primer equipo. Estoy tremendamente orgulloso de ser un Marinero de Seattle”.

Piazza, reclutado sólo antes que otros cinco peloteros en el draft, jugó 16 años para cinco clubes. Totalizó 427 cuadrangulares, incluidos 396 como cátcher, un récord de las Grandes Ligas.

Nada mal para un jugador que sólo fue reclutado por Tommy Lasorda, amigo cercano de su padre y manager de los Dodgers de Los Ángeles, lo recomendó.

A diferencia del talento innato que todos veían en Griffey, Piazza tuvo que convencer a muchos de su valía. Tuvo problemas en sus primeros años y estuvo a punto de renunciar al béisbol cuando militaba en las menores.

Pero volvió y perseveró pese a la dura transición de primera base a cátcher y a las críticas de sus compañeros sobre su desempeño errático.

“Mi papá siempre soñó con jugar en las mayores”, dijo Piazza, apenas el segundo miembro del Salón de la Fama que usa la gorra de los Mets, junto con Tom Seaver, entronizado en 1992. “Él no pudo cumplir este sueño por las realidades de la vida. La fe de mi padre en mí solía ser más grande que la mía, y es el factor más importante por el que me exaltan al Salón de la Fama. Gracias, papá. Lo hicimos. La carrera ha concluido”.

Se le eligió en 12 ocasiones para el Juego de Estrellas, en una carrera que incluyó 10 Bates de Plata. En cuatro ocasiones figuró entre los cinco peloteros con más votos para el Jugador Más Valioso.

Quizás lo más impresionante en la trayectoria de Piazza es que cumplió seis temporadas con al menos 30 jonrones, 100 remolcadas y promedio de .300. Todos los demás receptores en la historia del béisbol han tenido nueve campañas con esos números en forma combinada.

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