lunes, 30 de mayo de 2016

Hoy se cumplen 55 años del ajusticiamiento a Rafael L. Trujillo Molina

SANTO DOMINGO.-Un día como hoy, hace 55 años, cayó abatido a tiros el dictador Rafael Leonidas Trujillo Molina en la autopista 30 de Mayo, quien durante 31 años gobernó con manos duras el país.

La noche del 30 de mayo de 1961, el tirano Trujillo fue emboscado por un grupo de héroes cuando se dirigía junto a su chofer Zacarías de la Cruz a la Hacienda Angelita, en San Cristóbal.

Los siete miembros de los conjurados que estuvieron presentes esa noche fueron Antonio Imbert Barreras, Antonio de la Maza, Salvador Estrella Sadhalá, teniente Amado García Guerrero, Pedro Livio Cedeño, Luis Manuel Cáceres y Huáscar Tejeda.

Con el ajusticiamiento del dictador Trujillo quedó decapitado un régimen de 31 años, que comenzó en el 1930.

El 55 aniversario del ajusticiamiento del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina será rememorado este lunes por la Fundación Héroes del 30 de Mayo, con el apoyo de la Comisión Permanente de Efemérides Patrias y otras entidades.

Los actos, que se iniciarán a las 5:30 de la tarde, se llevarán a cabo en el monumento erigido en honor a los héroes ajusticiadores, que está ubicado en la avenida 30 de Mayo.

La historia

Rafael Leónidas Trujillo Molina nació el 24 de octubre de 1891 en San Cristóbal y murió ajusticiado el 30 de mayo de 1961, conocido como "El Jefe" o "El Benefactor de la Patria", fue un militar y político dominicano, que gobernó como dictador de la República Dominicana.

Ejerció la Presidencia de la República como “generalísimo del Ejército” entre los periodos 1930-1938 y 1942-1952 y gobernó de forma indirecta durante los periodos 1938-1942 y 1952-1961, valiéndose de presidentes títeres.

Sus 31 años de gobierno son conocidos como la “Era de Trujillo”, y considerados como una de las tiranías6 más sangrientas de América Latina.

El gobierno de Trujillo se caracterizó por el anticomunismo, la represión a toda oposición y el culto a la personalidad. Las libertades civiles fueron inexistentes y se cometieron constantes violaciones a los derechos humanos.

El Tirano sumergió el país en un estado de pánico y “respeto”, donde una muerte podía ser encubierta como un “accidente” y cualquier persona sindicada como desafecta podía ser encarcelada y torturada en una de las cárceles clandestinas destinadas a esa práctica.

No obstante, los partidarios de Trujillo destacan algunos aspectos positivos del régimen como el fin del caudillismo como fuente de inestabilidad política, la restauración del orden público y un cierto desarrollo económico del país. Durante su régimen, todos los estamentos del Estado funcionaron en consonancia a sus intereses y estableció un monopolio empresarial que le permitió acumular una gran fortuna personal.

 

 

 

 

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